Reserva entre 1,5 y 2,5 horas para una visita completa, o más bien unas 3 si piensas quedarte un rato en la exposición temporal, los archivos del sótano y la cafetería de la azotea. La diferencia no radica tanto en la distancia a pie como en lo detenidamente que leas las etiquetas y en si usas una audioguía.
Empieza por las plantas inferiores, donde las primeras obras y las exposiciones temporales te dan una idea del contexto, y luego ve subiendo pasando por el cubismo, los retratos de la época de la guerra y las pinturas de su última etapa, antes de terminar en las galerías del ático con la colección personal de Picasso. Ese orden funciona porque la escalera crea un recorrido cronológico natural, y las salas de arriba resultan más gratificantes una vez que has visto cómo su estilo se fragmentó y se reconstruyó. No te lo puedes perder: la gran escalera, las salas cubistas, Cabeza de toro y la colección del ático de Matisse y Cézanne. Opcional: los archivos del sótano y la cafetería de la azotea, que añaden entre 30 y 45 minutos a la visita y son ideales si te apetece ver cartas, fotografías o tomarte un descanso tranquilo.
Ir a tu propio ritmo está bien, pero las entradas con acceso prioritario al Museo Picasso y audioguía aportan un valor añadido, ya que el cubismo, las musas recurrentes y la historia de la donación no siempre se entienden solo con los textos de las paredes.
