Come en París como un local**

Los parisinos no solo comen, sino que disfrutan de cada bocado. Las comidas se alargan, las conversaciones fluyen y cada plato parece una pequeña celebración. Desde pequeños bares de barrio donde el tiempo parece haberse detenido hasta terrazas en azoteas con vistas al perfil urbano, la ciudad tiene algo para todos los gustos y presupuestos.

El almuerzo suele empezar sobre el mediodía y termina antes de las 14:00, mientras que la cena rara vez empieza antes de las 7:30 de la tarde. No te precipites; lo típico en París es tomarse el tiempo. Pide una jarra de agua (el agua del grifo siempre es gratis) y, si te sientas fuera, prepárate para estar de cara a la calle: observar a la gente es casi un deporte aquí.

Los menús cambian según las estaciones de temporada, así que no dudes en probar el plato del día, que suele ser lo que más enorgullece al chef ese día. ¿Te apetece algo más ligero? Muchas brasseries sirven excelentes ensaladas, tartines y platos de marisco.

No es obligatorio dejar propina, ya que el servicio está incluido, pero redondear la cuenta o dejar un euro o dos es un detalle muy amable. En la mayoría de los sitios es mejor reservar, sobre todo los fines de semana, aunque siempre puedes encontrar una cafetería acogedora para tomarte una copa de vino y un plato de embutidos sin haberlo planeado.

Atrévete a ir más allá de lo clásico. Hoy en día, la oferta gastronómica de París es tan internacional como exquisita. Las azoteas mediterráneas, los elegantes bistrós de fusión y las panaderías modernas que reinventan los clásicos de siempre forman parte de la diversión.

Consejo de experto: {skip} los menús para visitantes que hay cerca de los principales lugares de interés y adéntrate unas cuantas manzanas más en el barrio: ahí es donde come el auténtico París.